No solo cambió el paisaje. También cambiaste tú.

Puedes estar haciendo bien tu trabajo y sentir que tu vida profesional ya no encaja.

Hace unos días, Mauricio Parada me dejó una pregunta en un post anterior acá en LinkedIn.  Era algo así,  ¿cómo saber si, cuando empieza a moverse el piso, lo que está pasando tiene que ver conmigo o con el entorno?

Me quedé pensando en ella. Yo también he estado ahí.

Recuerdo que después de la pandemia percibía cambios que no alcanzaba a comprender. Algo estaba ocurriendo, pero me costaba verlo con nitidez. Era como mirar una imagen en 3D con las capas desplazadas: reconocía las formas, aunque no lograba hacerlas coincidir y por eso no había claridad ni profundidad.

La sensación era la de caminar sobre un hielo muy delgado. Cada paso crujía. Lo que antes parecía firme podía quebrarse y yo seguía intentando avanzar pero tenía miedo de que todo se rompiera bajo mis pies.

Por eso entiendo la inquietud de Mauricio. Cuando el piso se mueve, te sientes inseguro y quieres identificar rápido qué ocurre. Si tiene que ver contigo, buscas qué necesitas cambiar. Si tiene que ver con el entorno, intentas comprender cómo moverte en él o directamente qué se puede cambiar.

Pero esa división puede dejarte mirando solo una parte de la historia. También puede haber cambiado la relación entre lo que el entorno necesita, lo que tú aportas y lo que quieres para tu vida.

Lo que cambió mientras seguías cumpliendo

Durante mucho tiempo tuve una vida llena: trabajo, responsabilidades, familia, amigas, lecturas, proyectos. Había mucho que atender y disfrutar. También había poco espacio para mirar hacia adelante.

La imagen que mejor lo expresa es la de hacer malabarismo con varias antorchas encendidas. Cada una requiere atención. Si miras demasiado tiempo hacia otro lado, alguna puede caer.

Lo urgente tiene nombre, plazo y alguien esperando. El futuro puede esperar un poco más.

Mientras tanto, el entorno sigue cambiando. A veces de manera evidente: otra empresa, una nueva jefatura, una reorganización. Cambian las prioridades y las formas de reconocer el trabajo. Otras veces ocurre lentamente. Una tarea antes decisiva pierde peso. Tu experiencia sigue siendo valiosa, pero ahora se necesitan respuestas diferentes.

Puedes seguir entregando tu cien por ciento y encontrarte con un espacio que aprovecha apenas una parte de lo que podrías aportar. O puedes estar dedicando ese esfuerzo a algo que ya no tiene la misma relevancia.

Las dos situaciones pueden sentirse parecidas, pero piden respuestas distintas. En una necesitas revisar dónde y cómo estás aportando. En la otra, comprender qué cambió en lo que se necesita de ti.

Es difícil advertirlo cuando todavía cumples. Resuelves problemas, te necesitan, consigues resultados. Esa continuidad puede ocultar un desajuste. Hay desajustes que siguen funcionando.

Lo que hoy quieres también cuenta

Tus expectativas tampoco permanecen intactas.

Puedes seguir queriendo crecer y haber cambiado lo que entiendes por crecer. Quizás antes estabas dispuesto a viajar constantemente y hoy quieres más presencia en tu vida cotidiana. Quizás el cargo que durante años te atrajo dejó de representar la vida que quieres llevar.

A veces descubres ese cambio al entrar a una empresa. Aprendes a leer su cultura, entiendes cómo se toman las decisiones y reconoces que te cuesta imaginarte allí a largo plazo. Puedes desempeñarte bien y, aun así, sentir que trabajar de esa manera te exige algo que ya no quieres sostener.

Necesitas distinguir entre la incomodidad de aprender a moverte en un lugar nuevo y la de reconocer que ese lugar no va contigo. La primera puede disminuir a medida que comprendes sus códigos. La segunda puede hacerse más clara precisamente porque los comprendes.

El paisaje nuevo también puede mostrarte quién eres hoy.

Y entonces aparece otra posibilidad: tu trabajo sigue siendo útil, pero ya no contribuye al desarrollo que buscas. Tienes resultados y una buena evaluación, aunque cada vez te reconoces menos en la vida que esos resultados te exigen.

Evaluar tu desempeño y observar tu carrera son ejercicios relacionados, pero distintos. Uno te ayuda a saber cómo estás respondiendo hoy. El otro te pregunta qué futuro estás construyendo con esa respuesta.

Quédate un poco en la pregunta

Frente a esa incomodidad es fácil llegar a un juicio rápido: perdiste habilidad, te falta compromiso, deberías esforzarte más. También puedes concluir que todo se resolvería cambiando de empresa (o de jefe…).

Antes de decidir, necesitas mirar con más cuidado.

En el video que grabé a raíz de la pregunta de Mauricio, lo invité a quedarse un poco en esa inquietud. Es un lugar incómodo, lo sé. Pero encontrar una explicación demasiado pronto puede dejar fuera algo que todavía no alcanzas a ver.

Puedes observar una situación, escribir lo que entiendes y retomarlo un par de días después. Una conversación o un hecho nuevo pueden mostrarte una variable que habías pasado por alto. Incluso puedes descubrir que tu primera explicación describía solo una parte del problema.

Quedarte ahí tiene un propósito: entender mejor. Poner atención a qué cambió afuera, qué cambió en ti y qué pasa cuando ambas cosas se encuentran.

¿Tu aporte perdió relevancia? ¿Este espacio dejó de aprovecharlo? ¿Cambió lo que esperas de tu trabajo? Las respuestas pueden combinarse. Lo que importa es distinguirlas antes de pedirle más esfuerzo a una situación que necesita otra respuesta.

El mapa y la dirección

A veces te preparas para un paisaje y te encuentras en otro. Te equipas para la selva y apareces frente a una montaña nevada.

Seguir caminando puede ser necesario. También lo es reconocer dónde estás.

Un mapa te ayuda a entender el terreno. Una dirección te permite decidir hacia dónde quieres moverte. Puedes haber perdido ambos referentes, tenerlos desactualizados o nunca haberlos construido con claridad.

Si no tienes claro hacia dónde vas, cualquier camino puede parecerte suficiente.

Te sirve para generar ingresos, responder a tus responsabilidades o mantener cierta estabilidad. Eso tiene un valor real. La mochila económica, familiar y personal puede pesar mucho. Hay momentos en que sostener el presente requiere casi toda tu atención.

El problema aparece cuando esa respuesta cotidiana termina decidiendo, sin que lo adviertas, toda tu trayectoria.

Aceptas un proyecto, asumes otra responsabilidad, postergas un aprendizaje, continúas un año más. Cada decisión tiene su explicación. Pero un día miras el conjunto y te preguntas: todo esto tiene sentido por separado, ¿qué sentido tiene todo junto?

Qué estás sosteniendo

Esa pregunta te lleva a otra que hoy considero necesaria: ¿qué estás sosteniendo con todo este esfuerzo?

Puedes estar sosteniendo algo que sigue siendo importante para ti, aunque atravieses un período difícil. Puedes estar conservando una estabilidad que necesitas mientras preparas un cambio. También puedes estar defendiendo una expectativa que ya dejó de representarte.

Nombrar esa diferencia te permite empezar a elegir con más conciencia. Algunas cosas necesitan tiempo; otras, una conversación o un ajuste. Y habrá cosas que necesites soltar.

Para empezar, te propongo tomar una situación concreta que hoy te incomode. Escribe qué observas que cambió en el entorno y qué reconoces que cambió en ti. Después mira dónde dejaron de encajar. Déjalo unos días y vuelve con una pregunta: ¿qué veo ahora que no vi la primera vez?

No necesitas resolver toda tu carrera en ese ejercicio. Necesitas encontrar un punto desde el cual comprender mejor lo que te está pasando.

La próxima mirada será hacia lo que puedes llevar contigo. Antes, merece un lugar a la siguiente pregunta:

“Mientras respondes a lo que la vida te pide, ¿hacia dónde te están llevando tus pasos?”

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